Cuando empecé este blog me prometí que el primer vídeo que colgaría sería uno musical que aparece en la película Gumnaam (1966) de Raja Nawathe, sin duda el mejor que podáis encontrar, pues iniciaba la película con una canción absolutamente frenética y con unas coreografías contagiosas, y así lo hice. De hecho, tuve constancia de esta película gracias a la recuperación de ese fragmento que recoge
el largometraje más kitsch del séptimo arte, desde mi punto de vista, y ésta es Ghost world (2001) de Terry Zwigoff y Daniel Clowes. El film está basado en el cómic homónimo de Clowes, una rareza y un icono solo parangonable a los dibujantes de cómics underground como: Peter Bagge, Gilbert Shelton y Robert Crumb.La película es un desfile de personajes freaks del microcosmos de Clowes, como sociópatas, gente anclada en el pasado, fracasados, tipos curiosos que se vuelven reliquias por la rareza que desprenden y situaciones hilarantes que conforman el submundo que se esconde detrás de los estereotipos de la sociedad actual.
Absolutamente fascinante, creo que no necesita más comentarios.
La película está interpretada por Thora Birch, Scarlett Johansson y Steve Buscemi. Se adentra dentro de las conflictivas relaciones con la sociedad que tienen dos jóvenes, Enid y Rebecca, que después de terminar sus estudios secundarios deciden independizarse buscando un piso. Ante ellas pasarán unos personajes de lo más curiosos, pero todo sutilmente aderezado con una banda sonora que nunca podréis olvidar y que os dejo en descarga directa. No os perdáis las canciones antiguas de jazz que ya no se encuentran en LP y mucho menos en Cd, como el caso del artista Lionel Blasco.
La relación entre ellas no deja de ser curiosa, 2 amigas unidas por criticar el encanto raro de las personas y poner en aprietos a los que ellas consideran fracasados. Pero al mismo tiempo en ellas estará el filo de la navaja: una quiere alcanzar un objetivo (encontrar un piso); la otra, perderse en la
marabunta de seres bizarros de la sociedad sin tener un objetivo claro, está desconcertada y perdida en su mundo caótico. El film pasa de la estética jazzística más antigua a la moda de los 70 hasta la imagen punk, sin por ello perder ni un ápice de coherencia. Los objetos más siniestramente bellos de coleccionista (carteles antiguos de tiendas, discos extraños de artistas desconocidos, muebles y artilugios con un tinte kitsch. Lo que encontraríamos en una tienda de todo a cien pero elevado a la enésima potencia) conglomerarán un cúmulo de extravagancias deliciosas. Un mundo repleto de sorpresas que está dotado de historias repletas de humor pero que también formarán un tono triste, el de las vidas que caminan sobre pasos perdidos, y sobre todo, el de la pérdida de la inocencia. Unos temas que van muy acorde con la música, el blues más triste de Skip James (no os perdáis la canción "Devil got my woman") y el jazz más detallista que trata la desolación del ser humano.
Antes de que el cambio de vida ocurra (de inocencia a madurez, con la independencia que supone vivir en un piso con su amiga), Enid deberá aprobar su última asignatura, relacionada con el arte plástico. Veamos un fragmento donde se establece una crítica furibunda, aunque sutil, del mundo complejo del arte y la percepción absurda de muchos críticos:
Muchos tipos curiosos aparecen en este largometraje: un viejo que gasta su vida esperando en un banco un autobús que hace años que no pasa, un discómano del jazz que solo vive de las antiguallas que nadie quiere y, sobre todo, un personaje que en mí despiertan ternura y risa. No es otro que el del obrero que va haciendo salidas de tono en cualquier momento que se le presente. Adelante con él, es para ponerlo en un museo:


