The Rocky horror picture show (1975) de Richard O'Brien es un musical creado para ser una joya de culto, bizarra, de una rareza y de un sello freak maravillosos. La historia cuenta la extraña aventura en la
que se ve envuelta una pareja cuando tienen un reventón en su coche y han de morar en el castillo del Dr. Frank N'Furter, el nombre ya dice qué desorbitado personaje es. Por allí desfilarán toda una serie de personalidades totalmente dispares: moteros violentos, hombres travestidos, monstruos del cine clásico, etc. El próposito del Dr. será hacer una fiesta de transilvanos para inaugurar su nueva criatura, un ser, Rocky Horror, que tendrá la mitad del cerebro de un delincuente. Las consecuencias serán divetidísimas. Tanto furor causó la película, que en una sala de Barcelona, Casablanca-Gràcia, el club de fans organiza un pase mensual, donde el público canta y baila sus canciones mientras se proyecta el film. La única condición para entrar es saberse los diálogos de memoria. Una obra, por tanto, invisible para el espectador medio pero venerada en los círculos más fanáticos del cine. Cinta, pues, que satiriza y critica los clichés habituales del musical y del terror del cine clásico. Por cierto, el título de la canción que he insertado es "Hot Patootie - Bless my soul".
Por tanto, hace 10 meses que este espacio pretende esto, redescubrir lo menos conocido del séptimo arte y establecer reflexiones sobre los monstruos invisibles que moran en las carteleras menos habituales.
Como siempre, dar las gracias a todos los lectores del blog (que cada vez son más, empresas cinematográficas incluidas) y decir que el engranaje sigue funcionando con nuevas propuestas e ideas.


