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martes, 15 de diciembre de 2009

Créditos sublimes III

Retomando la sección de las menciones más especiales en lo que concierne a los títulos de crédito de los films vamos a deleitarnos con 2 ejemplos más de este fascinante arte.
El primero es todo un clásico en el cine de acción y que merecerá una especial reseña en una futura entrada: Steve McQueen en Bullitt (1968) de Peter Yates. Una fabulosa introducción nos sumerge en las intrincadas tramas de mafias y policías en una lucha inusitada de subterfugios sin descanso.
La forma en que se urde una historia en estos títulos son maravillosos, brillando por encima de cualquier metraje actual que invierta millones en efectos especiales. La música jazz que se oye de fondo -del compositor Lalo Schifrin- no puede amoldarse mejor al ritmo y a las imágenes que se van sucediendo, con una técnica envidiable y muy difícil de superar.
Obra maestra, sin duda alguna.



El segundo ejemplo representa un film ya conocido en este blog por haberse tratado en la penúltima entrada: Ex drummer (2007) de Koen Mortier.
La originalísima propuesta del director no puede dejar indiferente a nadie, pues, a parte de insertar una historia harto interesante, lo muestra de una forma que en otras manos sería un desastre: crear un rebobinado de unos minutos filmados de forma normal y que quede perfecto.
Además, Mortier nos deleitará con unos efectos curiosos en la forma en que aparecen los créditos: se encuentran escondidos en todo tipo de objetos, en la cabeza de los personajes, etc.
Todo un hallazgo este título de crédito que demuestra una vez más que se puede todavía labrar en un campo antes yermo, que es el de este microgénero.
Adelante con las aventuras del grupo de rock:



Visita el resto de entregas de esta sección:
-Créditos sublimes I
-Créditos sublimes II.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Antes, batería; ahora, perdedor

¿Qué tienen las historias sobre perdedores y gente derrotada que tanto nos fascinan? Considero que es el tipo de personajes que más público atraen, supongo que por la morbosidad decadente que nos despiertan, donde sus miserias más execrables nos hacen disfrutar de sus vidas abolidas por monstruos invisibles creados por ellos mismos, o engendrados por una mísera sociedad que permite que gente de lo más estúpida esté en el poder o en la más absoluta miseria.
Ex drummer (2007) de Koen Mortier no es una obra maestra, ni siquiera formula debates nuevos sobre la problemática de las estirpes más baja de un país, pero sí muestra una hornada de hordas deliciosas de perdedores con un descaro que muchos censurarían y con unos efectos visuales chocantes. La historia no puede ser más bizarra: Dries es un escritor que recibe la inesperada y extraña visita de 3 personajes "minusválidos" que desean que forme parte de su grupo de rock, pues les falta un batería. El único problema es que Dries no es "minusválido", como el resto del elenco, y, además, no sabe tocar la batería. Koen, el cantante, es un skinhead con un detestable defecto al hablar que, a parte de ser un terrible violador, tiene la extraña manía de vivir cabeza abajo, es decir, caminando sobre el techo. Iván es un guitarrista completamente sordo con una compulsiva adicción a las drogas y que vive con su mujer e hija, de lo más deleznables que uno pueda encontrar. Finalmente está Jan, un bajista que tiene un brazo inutilizado -no lo puede doblar- y que vive con una madre violenta y calva y con un padre que se encuentra atado con camisas de fuerza a una cama.
¿Qué más se puede pedir? Pues un vídeo que he subido y que ilustra aproximadamente las delicias de esta soberbia gente.



El muestrario que ofrece Mortier en algunos momentos es como un calco de películas como Trainspotting, Dead or alive y un ritmo de las diálogos harto usado hasta la saciedad por el sobrevalorado director Guy Ritchie, amén de una larga lista de otras influencias.
Pero al fin y al cabo lo que nos interesa son tres elementos que se pueden subrayar de esta bizarra cinta: las perversiones y curiosidades de los personajes, la insólita historia y los efectos visuales que ofrece el director. Ésta baza es la más imperiosa de la película, y es la más original y atractiva.
Una cosa nos enseñarán: todos los extremos acaban fundiéndose en los vértices de un círculo inacabado que acaba fundiéndose. Todos somos perdedores en alguna de nuestras ocultas personalidades.
Drier acabará, por tanto, rindiéndose a la morbosidad del perdedor más detestable, lo que no sabe es que él es igual que ellos, aunque todavía no lo haya advertido.