lunes, 19 de abril de 2010

Planteamientos curiosos: Marihuana mon amour (recopilación)

[Esta entrada es una recopilación de todos los posts dedicados a la marihuana en el séptimo arte]
Esta nueva entrega de los planteamientos curiosos tendrá como hilo conductor el uso de la marihuana en el séptimo arte para diferentes fines como el panfletarismo, el documental, la apología o la construcción de ficciones. En esta primera parte me dedicaré a escrutar las cintas entre los años 30 y 40.
La marihuana siempre ha sido una droga muy controvertida y discutida en todos los estamentos de la sociedad, debido a que nunca ha satisfecho por igual a todos los ámbitos de la población, como sí lo ha hecho el tabaco o el alcohol. Sus virtudes y sus defectos aún hoy siguen siendo motivo de disputa, pero ¿cómo se trataba esta droga en las décadas de los 30, 40, 50 ... hasta la actualidad?
El ministro de propaganda de la Alemania nazi, Joseph Goebbels, dijo una vez que "si una mentira se repite las suficientes veces, acaba convirtiéndose en la verdad" (esta referencia se puede ver por la red con algún cambio, o incluso atribuida a Napoleón). Esta frase bien podría ser el eje conductor de los ejemplos que voy a tratar en esta parte: no importa lo que digas, si conoces el modo de convencer al que te escucha, manipulándolo a tu antojo. Sabiendo quién sostuvo esta afirmación podemos aventurar qué estratos de la sociedad y de la política norteamericana crearon y promovieron estas cintas panfletarias: la ultraderecha.
Este post se dedicará exclusivamente a tratar algunas cintas que fueron promovidas por diferentes estamentos que tanto demonizaron el tema.

Marihuana (1935) de Dwain Esper trata el tema sin ningún conocimiento sobre los efectos reales de la marihuana. Este film, con tintes de documental panfletario, muestra la exagerada historia de Burma, una chica de buena familia que de tanto salir con sus amigos y fumar hierba se vuelve una mujer completamente desquiciada. Acaba embarazada y soltera, dando su hijo en adopción para convertirse ella en una traficante.
Si este guión no os parece estrambótico, mirad el film, que aquí he puesto lo más delicado. Panfleto barato de la ultraderecha norteamericana, y ¿qué esperabais?


Reefer Madness (1936) de Louis J. Gasnier -film tratado en este blog- es el prototipo de documental que de tan desorbitado en sus propuestas y en su tono, se ha tornado en su contra todo lo que pregonaba, pues se ha vuelto una cinta de culto para todo el amante tanto de la marihuana como de la comedia. Presuntamente fue hecho para alejar a los jóvenes de esta droga, aduciendo razones como que es más endiabladamente adictiva y peligrosa que la cocaína y la heroína juntas, y que vuelve a un demente, un loco y un asesino a todo aquel quien la prueba.
Gasnier domina el terreno del humor sin saberlo.


Mariguana: el monstruo verde (1936) de José Bohr es un claro ejemplo de la idiosincrasia del creador metomentodo, pues en esta cinta es director, actor, productor, guionista y compositor. Nada menos.
Cinta mexicana que narra la desgracia de un policia, el mismo Bohr, que se vuelve adicto a la marihuana y que sólo le comportará frecuentar malas compañías. El protagonista terminará formando parte de una de las mafias que intentarán abonar la sociedad con la monstruosa hierba verde. Haciéndose pasar por el "gringo Daniel", dará la vuelta a todas las expectativas vitales que tenía por delante.
Por cierto, la imagen es del propio director.


Assassin of Youth (1937) de Elmer Clifton es otro testimonio muy parecido (demasiado) a la totémica Reefer madness. Propagandístico y panfletario, este largo propone una historia que se centra en el periodista Art Brighton y su diatriba contra la marihuana, que ha subyugado a una joven, Joan Barrie, heredera de la fortuna de su abuela y acosada por su prima Linda y su marido para gastar todo su dinero en la mafia de la droga más diabólica, asesina de la juventud, como reza el título del largo.
Para Clifton, los estragos que causa el diablo verde son mucho peores que juntar todas las patologías mentales existentes aderezadas con todas las drogas del mundo.
Imaginación no le faltaba.


Devil's harvest (1942) de Ray Test es la enésima incursión en la investigación de los desastrosos efectos de la marihuana como inicio para una vida encaminada hacia la total perdición. Aquí se radiografían escenas memorables: jóvenes sucumbidos a días eternos de fiestas, asesinatos provocados por la hierba, etc.
Creo que a estas alturas la ficción se mezcla tan sutilmente con la propuesta documental que para un espectador de la época era imposible discernir un género del otro.
El cartel de la película lo dice todo: el demonio es de color verde y nos abraza con sus fauces para guiarnos a una condenación de pecado, degradación, locura y libertinaje. Qué bien suenan estas palabras...


She shoulda said no! (Ella debió decir ¡no!, 1949) de Sherman Scott es otra ficción creada con el mismo propósito que las anteriores. Anne Lester, una desdichada huérfana que vive para pagar los estudios de su hermano, conoce un vendedor de marihuana, Markey, quien la invita a una fiesta donde se consume esta droga. A partir de este momento Anne inicia su personal caída a los infiernos, pues descubrirá que toda la represión sexual se torna en promiscuidad. Si hasta aquí todo son virtudes; luego vienen los inconvenientes: pierde el trabajo, se vuelve vendedora de marihuana, sufre enfermedades mentales y la encarcelan.
Parece ser que el celebérrimo actor Robert Mitchum promovió esta cinta, donde, según él, se trasluce su lucha contra el demonio verde y su arresto por posesión un año antes.


Son tan exagerados los testimonios que os he mostrado que en la actualidad se han convertido en una suerte de cintas cómicas, donde el mensaje fundamental que se quería transmitir se transforma en todo lo contrario y mucha gente disfruta viéndolas mientras se fuman un porro. Las vueltas que da la vida, pues se podría decir que la frase de Goebbels queda totalmente refutada.

Después de la primera parte, que versaba sobre el uso de la marihuana en el cine durante los años 30 y 40, ahora le toca el turno a los años 50, pues es tal vez una de las épocas que más testimonios ha conreado sobre la desmesura a la hora de abordar el tema del cannabis en la juventud.

Marihuana -título original ya a estas alturas- (1950) de Leon Klimovsky es una cinta argentina que nos sumerge en un mundo plagado de demencia y surrealismo. Sino, advertid cómo se anunciaba en su época: "¿Qué es marihuana? Una legión de locos y alucinados, y una tragedia para el hombre que penetra en ella". Desde luego hay que reconocer el mérito que tiene el eslogan, porque tiene mucha fuerza. Quien escribió esto denota un uso magistral de la retórica clásica. La historia gira en torno al Dr. Urioste y su personal lucha contra la enfermedad que aqueja a su mujer: es adicta a la marihuana.



The terrible truth (1951) es una cinta de propaganda pura en contra de la hierba y que aporta un elemento más que no habíamos advertido hasta el momento: fumar porros es el primer paso para adentrarse en la heroína y esta pandemia de jóvenes que arruinan sus vidas con las drogas no está provocada por la educación o las malas políticas sociales, sino que... atención... está promovida por el Comunismo Ruso. Con esta hilarante premisa las risas están más que aseguradas para el espectador actual. Lástima que en la época y en USA no se viera de este modo, pues su diosa de la justicia estaba más ciega que nunca. Se buscaban enemigos ajenos para los problemas propios.


High School Confidential! (1958) de Jack Arnold tal vez sea el film más interesante de todos los que se han tratado hasta ahora y que más ríos de tinta podría provocar si no fuera porque en nuestro país -como es normal por la época en que transcurre- pasó y está pasando totalmente desapercibida. Tal es la ignorancia del director sobre los efectos del cannabis que admitió exagerar hasta la inverosimilitud muchos aspectos del guión, no sin antes soltar una frase para mí mítica: "desconocía absolutamente el tema de la droga y estaba por eso obligado a suponer la exactitud del guión. Hoy ya sé que no se ajustaba a la realidad". La historia se centra en un investigador que, queriendo descubrir el mundo de las drogas en los institutos, se hace pasar por un estudiante. Muy recomendable por absurda. Por cierto, en el film aparece ni más ni menos que Jerry Lee Lewis quien curiosamente un año antes se había casado con una niña de 13 años. Contrajo matrimonio cuando todavía estaba casado con su primera mujer. ¿Será él la persona indicada para alertarnos de la marihuana? Típica paradoja norteamericana.


The cool and the crazy (1958) de William Witney pivota sobre los problemas juveniles a la hora de ser popular y el fácil acceso a las drogas, donde según se asegura en la cinta fumando un porro uno llega a ser poco más que un drogadicto terminal.
Peleas callejeras, chicas guapas y rock and roll hacen de esta cinta un testimonio de culto para todo el amante de los films educacionales irrisorios. Brillante manera de educar a una sociedad, que ya estaba zozobrando desde la ley seca en los años 20 y 30.

Después de ver estos supremos ejemplos no podemos hacer más que buscarlos para conocer el punto de vista del espectador medio de la época.


A finales de los años 60 la revolución social provocó que los intentos de las cintas panfletarias de décadas anteriores no surgieran el efecto deseado y la juventud se tomara como algo completamente normal fumarse un porro, aun así continuarán apareciendo cortos y largos vetando la hierba y advirtiendo a la juventud de su problema al acercarse a esta droga. Además, hay que añadir la incursión en la sociedad de la delirante sustancia del Dr. Hofmann, es decir el LSD o dietilamida de ácido lisérgico, que se encumbraría como la droga peligrosa y a temer. Pero, claro, la marihuana continuaría siendo la protagonista en todas las fiestas, haciendo reír a quien no quiere. Es a partir de este momento que el cannabis se vuelve un poco menos dañino al tener grandes competidores como los ácidos, pero la hierba se convertiría en el símbolo máximo de una oleada de libertarios: los hippies. No os engañéis: los hippies de los 60 son los grandes empresarios y políticos derechistas que persiguen actualmente lo que en su día pregonaron.


Especial atención merece Marijuana (1968) de Max Miller, donde Sonny Bono -es decir la expareja sentimental y artística de Cher- ofrece un documento vilipendiado por el público debido a su falsedad en la manera y en la forma en que el cantante muestra su alegato contra la marihuana. Al principio del metraje se advierte que el consumidor es el principal responsable del problema y es él quien debe decidir si el cannabis es bueno o malo, recreando una comparativa con otras drogas, como el alcohol. Todo se derrumba cuando se ofrecen las verdaderas intenciones y es el propio Bono quien, con ojos, tez y voz de haber fumado más de un porro nos advierte de la peligrosidad de la hierba. Aquí tenéis el testimonio:




Humo de Marihuana (1968) de Lucas Demare es una cinta argentina que no es otro producto que un remake de Marihuana (1950) de León Klimovsky, aparecida en la 2ª parte de esta serie de posts.
Parece ser que no habían suficientes guiones como para que la industria cinematográfica decidiera modernizar la lucha del Dr. Urioste contra la adicción de su mujer. Lo más curioso es que para algunos círculos de la crítica este film está considerado como una de las mejores películas argentinas de la historia.


I love you, Alice B. Toklas! (1968) de Hy Averback contiene una premisa que para el espectador actual es una comedia y de las gordas: un hombre que consume pasteles ve cómo su apetito aumenta considerablemente, asimismo empieza a deshinibirse de manera radical con las chicas. La razón: alguien está condimentando sus comidas con un ingrediente fabuloso.
Todas estas situaciones provocarán unas situaciones hilarantes dando pie a una comedia que pone como ejemplo -por primera vez- la marihuana como detalle anecdótico para arrancar historias cómicas. Algo hartamente usado en la actualidad en series y largometrajes.
Peter Sellers se encargará de llevar a cabo los gags más desternillantes. Ya aparece aquí el personaje del hippy como consumidor habitual de hierba.
Mirad el trailer, que no está nada mal:




Parece que la marihuana está cambiando su rol como droga intocable y a la que sólo se le pueden achacar problemas: puede haber horas de diversión.


MaryJane (1968) de Maury Dexter es una cinta exploitation sobre los efectos nocivos del monstruo verde. Un profesor de arte intenta convencer a sus alumnos que la marihuana no es una droga o una sustancia tan mala como la pintan, pues nos hace descubrir nuevas sensaciones. Una compañera de trabajo descubre a algunos de sus pupilos fumando cannabis y les revela el terrible destino que les puede producir la hierba en sus vidas. Para ello hará todo lo posible para que dejen la diversión para otro momento. Una historia ya muy gastada en la cantidad de películas que hemos visto a estas alturas.
Por el cartel podríamos aventurar que se establece un debate entre las dos opiniones; no es así, pues prevalece la prohibitiva.


Free Grass (1969) de Bill Brame contiene ya un título bastante claro del tema sobre el que va a girar la trama: Dean se zambulle en el mundo de los traficantes de droga con un camello sádico llamado Link. A partir de aquí todo serán problemas, pues para conseguir dinero fácil Dean deberá trasladar marihuana de México hasta Los Angeles, pero la muerte de dos agentes federeales complicará todavía más sus propósitos, desembocando todo en una historia de acción. El LSD hará su aparición, aunque lo más interesante es que el protagonista tendrá que ofrecer hierba gratis a los hippies para deshacerse de las pruebas que lo incriminarían como traficante.


De Easy Rider (1969) de Dennis Hopper se podría decir que es el primer testimonio que inicia la oleada de apologías a la marihuana. Aunque la hierba no se utiliza como motor principal del film es importante el papel que adquiere y que la convertirá en símbolo de la contracultura. Dos jóvenes, Billy y Wyatt, deciden dar rienda suelta a sus ansias de libertad recorriendo gran parte del continente norteamericano hasta llegar a New Orleans para celebrar el Mardi Gras. Para efectuar este objetivo deberán vender droga para hacerse con unas motos chopper y encontrarse con todos los estratos de la sociedad del momento: hippies, conservadores, etc. Cuanto más avancen hacia el interior de USA, peor serán considerados por la población.
Los años 70 han pasado por las revoluciones sociales y musicales de finales de los 60 y es por eso que, aunque encontremos algún que otro testimonio prohibitivo, la mayoría de cintas se ocuparán de hacer apología o comedia del tema. Se empezará a asociar diversión y libertad con el hecho de fumar hierba y, asimismo, en una moda que caracterizará una generación de jóvenes ávidos de nuevas sensaciones.

Keep off the grass (1970) es un panfleto prototípico de situación donde una madre descubre a su hijo completamente fumado: ojos rojos, tensión arterial baja, risas exageradas, etc. Su niño ya no es el mismo de antes.
En 20 minutos el director se ventila el problema como si estuviera grabando un sketch. La familia preocupada decide entablar una conversación seria con el drogadicto para que enderece su camino y pueda volver a ser una persona normal.
Como es de esperar, el chico entra en razón, reconoce sus fallos y limpia la hierba de sus negros pulmones. Otro testimonio sobre higiene moral.


Pot! Parents! Police! (1971) de Phillip Pine es un caso parecido al del mexicano José Bohr en Mariguana: el monstruo verde (1936), pues el mismo director escribe el guión y se dirige a sí mismo para protagonizar la cinta. Se puede considerar este film como el Reefer Madness (1936) de los años 70, adaptando toda su parafernalia anticannábica. Se mantiene, asimismo, la visión deturpada de esta droga como el mal más grande de la historia después de la barbarie nazi. En resumidas cuentas es un muestra de cómo la marihuana desgasta y destroza la vida de todas aquellas personas que la prueban. El título lo dice todo, pues denota el tono de la cinta.



The harder they come (1972) de Perry Henzell es una película que usa la marihuana para establecer una historia de acción con diferentes resortes. Está protagonizada por el cantante jamaicano Jimmy Cliff, quien en esta ficción es encarcelado por una pelea y decide explotar su carrera artística.
Una vez fuera de prisión empezará a meterse en el mundo de la compra y venta de marihuana, produciendo tremendas persecuciones contra la policía.
La cinta pretende mostrar la dura vida que se desarrolla en Jamaica, sitio de moda en esa época por la música reegae. La carátula es muy funky.
Os paso el tráiler de la película para que os hagaís una idea del film:




Keep off my grass (1975) -también titulada como Keep off! Keep off!, y que por el título parece una parodia del panfleto Keep off the grass- de Shelley Berman, o su nombre real Sheldon Leonard Berman, es una comedia sobre la marihuana y los hippies donde aparece uno de los integrantes de la banda Monkees, Mickey Dolenz. El éxito de la cinta debió ser pobre, pues fue la única incursión de Berman en el mundo de la dirección, dando paso a una carrera como actor. Además, esta película es increíblemente difícil de encontrar por la red. Parece que haya desaparecido del mapa. ¿Será por su punto de vista poco habitual sobre el cannabis en la época que por eso se la desterró? Es posible.


Up in Smoke (1978) de Lou Adler es un claro referente en las cintas apologéticas de la marihuana. Una desternillante comedia que trata la hierba como un claro divertimento y una forma de vida, dando lugar a escenas memorables dentro del panorama cinematográfico de películas gamberras, que dará paso a la larga lista de largos de las décadas posteriores. Con una banda sonora excelente, Cheech y Chong, 2 cómicos celebérrimos en USA, representan 2 jóvenes -amantes de la música y de las drogas- que deciden participar en un concurso de música rock, no sin antes haber robado un camión hecho de marihuana procedente de México. Este último dato parece recordar a modo paródico la cinta Free grass (1969) de Bill Brame. Un gran desfile de drogas. No os la podéis perder.
El traíler es delirante e invita a ver el largo cuanto antes:




A partir de esta última cinta prácticamente todas las películas que traten la marihuana contendrán el elemento cómico que era impensable en décadas anteriores. Aparte de alguna despreciable excepción, el uso del cannabis se volverá como una anécdota indispensable para hacer una comedia desternillante.

La década de los 80 está llena de testimonios que utilizan la marihuana como parte anecdótica para recrear comedias gamberras, pero el protagonismo de esta droga como elemento fundamental o motor de arranque de un largo se ve difuminado. Este decenio se ve influenciado por el uso de drogas diferentes, que son motivo de demonización por parte de los estamentos de higene moral y del gobierno: cocaína, heroína, ácidos, pastillas, etc. Así, pues, viendo el aluvión de drogas duras, no tiene mucho sentido ametrallar contra el cannabis. Los 90 sí serán especialmente prolíficos en tratar la hierba como tema principal de un largo o un documental. Pero, claro, ahora desde el punto de vista más apologético y desde la óptica más científica, creando así comedias desvergonzadas y documentales rigurosos sobre las propiedades de la marihuana. Veamos algunos casos interesantes.


Toxic Zombies (1980) de Charles McChrann es un ejemplo de cómo se manejaba el tema del cannabis para fines diferentes a los establecidos en el resto de décadas. De innegable sabor a serie Z, casposa, sanguinolenta y desmesurada, Toxic Zombies inicia su punto de partida a través de unos hippies cultivadores de hierba que empiezan a fumar su cosecha y se convierten en zombies caníbales (¡!). Esto se debe a que el malvado Gobierno ha esparcido por sus campos una sustancia experimental precisamente para erradicar la marihuana. Todo se volverá contra ellos cuando una horda de caníbales de ultratumba se tomen la venganza por su cuenta.


They don't cut the grass anymore (1985) de Nathan Schiff es un testimonio bizarro sobre la marihuana, pero que nos sirve perfectamente para demostrar cuántos resortes adopta la hierba en el séptimo arte para meterse en una época donde la prohibición está ocupada por otras drogas, las duras, más perniciosas para la sociedad.
En este largo, Schiff muestra un cine gore desorbitado y vitriólico. Dos campesinos locos y amantes del monstruo verde deciden iniciar su personal diatriba sanguinaria contra los yuppies. Las consecuencias ya os las podéis imaginar en una cinta de serie B como ésta. Sangre, vísceras, horror y cannabis. ¿Qué más se puede pedir?


Half Baked o Medio flipado (1998) de Tamra Davis es una comedia desorbitada, a ratos absurda y aunque tiene toques muy flipados con el hecho de ir fumado, peca de ser un producto barato y muy poco elaborado.
La historia versa sobre la vida de 4 amigos que se reúnen cada día en su piso para fumar marihuana de una manera completamente desfasada, dando lugar a situaciones cómicas. Un buen día, uno de ellos mata por accidente a un caballo de la policía montada y es encarcelado. Para liberarlo, sus amigos tendrán que vender hierba a destajo, aunque tengan que hacer publicidad por la televisión y hacerle la competencia al gran capo de la marihuana.


Homegrown o Cosecha propia (1998) de Stephen Gyllenhaal es una comedia de 3 perdedores, Jack, Carter y Harlan, que se dedican al conreo de la marihuana, pero especialmente en la plantación de su jefe, Malcolm, de quien poco o nada saben. Un día el amo aparece muerto y al trío no se le ocurre otra cosa que apropiarse de todo el tremendo botín. A partir de aquí empezarán a organizar un negocio bastante torpe en la venta y distribución de la droga, provocando situaciones hilarantes, pues los 3 traficantes son en realidad unos ineptos en todo. Aquí ya se observa que en la comedia norteamericana se está utilizando el cannabis como elemento y emblema de lo políticamente incorrecto.


Marihuana, el sótano maldito (1999) de Robert Sarkies es una entretenida comedia neozelandesa con tintes negros que narra las vicisitudes de un grupo de jóvenes que, al no encontrar un piso económico donde vivir, deciden ocupar una vieja casa.
Dentro de las tétricas y polvorientas habitaciones de la morada encontrarán un enorme vivero de marihuana en perfectas condiciones. A partir de aquí ocurrirá lo evidente (ya visto en el anterior ejemplo): venderán toda la cosecha y aparecerá el verdadero dueño de tan preciado botín, un loco al que encierran dentro del sótano. Los protagonistas no sabrán qué hacer con él.


Especial atención merece también la retahíla de películas mexicanas -completamente desconocidas para el gran público- sobre el personaje de Macario Leyva, o como mejor se le conoce: "El marihuanero". Apodo que denomina la primera cinta del 1999 donde se mezcla acción, hierba, mujeres, pistolas y delirante música y ambiente tex-mex.
Un año después veríamos la vuelta del embajador mexicano de la hierba en la delirante La venganza del marihuanero (2000) de Luis Estrada. Prácticamente con el mismo plantel de actores se retoma el tema de los gángster aztecas de la diosa verde. Macario acabará con cada uno de los enemigos que en su día lo derribaron.
Cintas bastante difíciles de encontrar por estos lares. Estrada muestra dos de sus cintas dentro de su filmografía en el vasto mundo de los narcocorridos y el crimen organizado.


Éste es el documento definitivo sobre la historia de la marihuana en la sociedad norteamericana: Grass (1999) de Ron Mann. Narrado por el actor Woody Harrelson, este documental nos ilustra sobre cómo la hierba ha sido perseguida y criminalizada por diferentes personajes políticos, que no han hecho otra cosa que malinformar a la población para desgastar más la economía estadounidense sin una base científica que acredite tales acciones. Uno de los artífices de la "guerra contra la marihuana" y base de este largo es Harry Jacob Anslinger, jefe del Gabinete de Prohibición de Narcóticos, quien movió cielo y tierra para desterrar al monstruo verde de las praderas americanas, especialmente durante los años 1930-1937, años que produjeron un gran puñado de cintas panfletarias. Pero su lucha contra la hierba se extendió hasta el resto del mundo, demonizando el tema y creando una opinión infundada que ha minado el concepto de esta droga hasta nuestros tiempos. Aslinger consiguió la penalización total en casi el resto del mundo, y en los años 80 su influjo produjo gastar 214 billones de dólares para su erradicación. Ver para creer.

La entrada del nuevo milenio produjo una cantidad de cintas documentales a favor del uso de la marihuana y de las comedias desorbitadas que sería harto difícil listarlas todas. Es esta una década, que aunque todavía sufre la prohibición, gana adeptos en la forma y estilo de vida de la hierba como diversión y alimento para las mentes más abiertas.

El jardín de la alegría (2000) de Nigel Cole es una comedia que establece el conreo de la marihuana como método para salvarse de la injusta pobreza de la sociedad occidental actual. Una mujer, Grace Trevethyn, pierde a su marido y con él la situación de bonanza económica, para sortear la crisis monetaria que la invade decide crear en su invernadero una plantación cannábica (observamos que la serie de TV Weeds calca el planteamiento del largometraje). A partir de aquí sea ayudará de su jardinero para no sólo hacer germinar la hierba verde, sino que también deberán vender el producto, y lo harán dos personas que no están habituadas a hacerlo. De algún modo, el largo introduce un tipo de vendedor de marihuana muy distinto al habitual hasta el momento.


Año Mariano (2000)de Karra Elejalde y Fernando Guillén Cuervo es un vitriólico largometraje español que versa la flipada historia de Mariano, un hombre que se topa en un accidente de coche con la cremación de una plantación de marihuana por parte de la Guardia Civil. Este hecho fortuito provocará que el protagonisa inhale de forma masiva el humo de la hierba y empiece a saborear experiencias marianas con una virgen. Mariano convencerá a todo un pueblo de la existencia de tal aparición y serán los propios habitantes del lugar quienes lo encumbrarán como un santo. Es esta producción una prolongación desfasada del humor que se vislumbraba en el film Airbag (1997) de Juanma Bajo Ulloa, pero ésta utilizaba la cocaína como motor de arranque.


Emperor of hemp (2000) de Jeff Jones es un documental que focaliza la figura de Jack Herer, apodado el "profeta de la hierba". Su defensa de la marihuana en todos sus usos nos hará visualizar el cannabis como una forma de vivir, de entender la vida, de alcanzar nuevos horizontes desde una óptica muy distinta a la habitual. De algún modo se trasciende un poco más allá que los sentidos nos permiten en su estado natural. Se muestra un repaso biográfico de este personaje, que incluye vicisitudes como su encarcelamiento durante la presidencia de Ronald Reagan, y todo por su implicación dentro del panorama marihuanero.


Hashish (2002) de Daniel Grabner es un documental que centra su objetivo sobre la vida tradicional de los habitantes de Ketama, en el norte de Marruecos. El director va a mostrar el tipo de existencia de estos habituales del hashish, que continúan el legado de sus ancestros en el arte de fumar y conrear tan preciada hierba. Todo muy lejos de las prohibiciones que implica este producto en el mundo occidental. Además, observaremos cómo se empieza a fundir los objetos de la tecnología con la dilatada manera de vivir de los tranquilos marroquines. Sociología y marihuana juntos.


La Cruz de marihuana (2003) de Lourdes Álvarez es una cinta mexicana para televisión que narra la situación del emporio de la marihuana como la mafia. Vicente Glaxiola es un mexicano que alcanza el máximo nivel de capo cannábico en una organización colombiana. A partir de aquí se desatarán todas las envidias en el seno de los militantes de este sindicato del crimen organizado. Parece ser que la marihuana ya se ha asentado completamente en el mundo de las cintas de acción. Peleas, armas y demás se harán sitio en este film repleto de gruperos de narcocorridos.


The Cannabis Cup - World Champions of Marijuana (2003) de Steven Hager es un testimonio harto interesante y original que sorprenderá mucho al lector profano en el vasto mundo de la marihuana. En Ammsterdam se celebra la Cannabis Cup, un campeonato mundial que sólo puede ganar el participante que germine la semilla de cannabis más buena y fina del planeta. Equipos enfrentándose para encumbrarse como el mejor generador de plantas de marihuana. Este campeonato fue fundado ya en 1988 y se ha ido haciendo un hueco en el ilustre mundo del sibaritismo cannabico. Aquí hay espacio para todas las expresiones.
La cinta albergará notas de humor ante tal evento, recreando parodias de programas de TV, pero, eso sí, en formato marihuanero.


Hempsters: Plant the Seed (2003) de Michael Henning, es un documental a favor de la legalización de la marihuana que aborda el tema en todas sus vertientes sociales, económicas, legales, etc.
Aparece el actor Woody Harrelson -como lo hizo en Grass (1999)- y el político Ralph Nader como diferentes testimonios que acreditan las calidades de la hierba y todas las problemáticas que en ella subyacen, desde la abolición del veto a esta droga hasta lo contrario. También se crea una retrospectiva de la historia demoníaca que planó en la sociedad norteamericana para evitar la plaga verde en la población.


High Times Potluck (2003) de Allison Thompson, es una comedia cannábica que mezcla diferentes ingredientes para aderezar un producto raro dentro de la filmografía marihuanera.
Un soldado recibe la visita de la diosa de la marihuana, que vendrá acompañada de una vorágine orgiástica de drag-queens, gángsters, artistas, etc. Uno de los objetivos para enseñar esta historia consistirá en la apología hacia la legalización de la hierba.


Dos colgados muy fumados (2004) de Danny Leiner es una cinta que versa la histriónica aventura de 2 amigos que de tanto fumar se mueren por comerse unas hamburguesas especiales para saciar su hambre cannábica. Las aventuras que les esperan serán una locura tras otra.
Retomarán sin fortuna la fórmula en Dos colgados muy fumados: Fuga en Guántanamo (2008) y en Harold and Kumar: Go to Amsterdam (2008) de Jon Hurwitz y Hayden Schlossberg, que concluyen una trilogía (?¿) sobre estos jóvenes ávidos de hierba.
Se repite la aparición de Kal Penn, un habitual en films de esta índole, tanto de marihuana como de comedias teenagers mediocres (como la saga que protagoniza en Van Wilder).


Escape to Canada (2005) de Albert Nerenberg es un documental ligeramente distinto a los demás por su valor sociológico y por aunar distintas controversias morales. Nerenberg es un reputado director de cine independiente que crea películas con el fin de mostrar la estupidez humana y en esta cinta crea una comparativa entre los avances políticos de Canadá y USA. Mientras el primero -durante el año 2003- legaliza los matrimonios homosexuales y el uso de la marihuana; el segundo emprende una guerra absurda contra los países islámicos por la explotación del petróleo, amén de otras consideraciones como el atraso social de este continente. Una escapada hacia Canadá puede ser el bálsamo perfecto para un tipo inconformista.


Hemplands Conspiracy: The story of America’s most controversial crop (2006) de Patrick McNeese es un documental que ahonda en la historia de la Cannabis Sativa, desde sus inicios como planta utilizada en la época colonial, pasando por la persecución política de los sectores más conservadores hasta la vuelta a los inicios por un público ávido de nuevos conocimientos hacia una de las drogas más discutidas de la sociedad. Como no, Woody Harrelson vuelve a hacer su aparición para reivindicar tan preciado don de la naturaleza. No es raro que en uno de los episodios de la serie Los Simpson se le retrate vestido con unos pantalones hechos de cáñamo.


Playboy, el rey del mando (2006) de Nicholaus Goossen es una comedia desorbitada que no puede dejar indiferente a nadie por sus sketches relacionados con la marihuana, los videojuegos y los freaks. Una mezcla muy suculenta para pasar un muy buen rato viendo a personajes descerebrados a todos los niveles.
Alex es un hombre que sobrepasa sobradamente la treintena y se dedica a testar videojuegos en una compañía del ramo, entre púberes freaks. Un buen día lo desahucian de su piso y decide irse a vivir con su abuela y sus compañeras.
La marihuana hará sus incursiones en situaciones tremendamente graciosas donde veremos camellos, abuelas y motoristas completamente fumados.


Super high me (2007) Michael Blieden, es como su título indica una imitición del documental Super size me de Morgan Spurlock, pero en esta ocasión se utiliza al cómico Doug Benson. Si Spurlock intentaba demostrar los efectos nocivos sobre el cuerpo de la comida basura durante un mes; Benson hará lo mismo, pero con la marihuana (algo similar intentó -aunque relamente no lo hizo en toda su plenitud- en nuestro país Samantha Villar en su programa 21 días, un tiempo después). El film se divide en dos claras partes: la preparación para el reto -sin probar el cannabis durante un mes entero-; los efectos de la marihuana fumando mañana, tarde y noche mientras sigue trabajando como cómico. Sin duda alguna, Benson nos demuestra que la hierba no tiene los efectos nocivos que hablaban las cintas de los años 30, 40, 50, 60 y 70; pero, ojo, tampoco es una sustancia inocua, muchas partes de nuestro organismo pueden llegar a ser dañadas de una forma u otra si abusamos en extremo de la hierba, pero Benson parece demostrar que no es realmente así.
Veamos unos fragmentos del metraje:






Superfumados o Pinneaple Express (2008) de David Gordon Green es una comedia bastante floja sobre un tema ya harto manido en el vasto campo de la marihuana como motor de arranque para situaciones desorbitadas e hilarantes. Realmente es aquí donde vemos que, tal vez, se han dicho demasiadas cosas sobre los efectos irrisorios de esta droga dentro de los esquemas estereotipados de la típica película norteamericana.
El protagonista es un portador de citaciones al que le gusta fumar mientras trabaja y un buen día presencia un asesinato frente a una casa a manos de una policía y un camello conspicuo en la ciudad. Las persecuciones no se harán esperar cuando descubran el tipo de marihuana que fuma el prota: la Pinneaple Express.


High, the true tale of American Marijuana (2008) de John Holowach es el enésimo documental que se crea con el fin de crear una retrospectiva del trato de la marihuana desde todos los círculos sociales y políticos. Cómo se veía en las primerizas décadas del siglo XX y su evolución como producto demonizado y perseguido injustamente. Se escogen referentes ineludibles como los totémicos films Reefer Madness (1936) o She shoulda said no! (1949). También se muestra el despilfarro económico del gobierno de los USA para erradicar los campos de una hierba que no acabó con los problemas que perseguían la moral ultraderechista norteamericana.


Otro proyecto en fase de producción supone The green goddess (2010) de Craig Nisker y Edris Cooper-Anifowoshe, pero que en Internet se pueden hallar vídeos ilustrativos de lo que supondrá este testimonio. Escenas detalladas sobre cómo se germina, se conrea, se elabora la marihuana para ser consumida para un grupo de sibaritas. Cómo se puede apreciar en el vídeo abajo expuesto, la panorámica de las plantaciones es harto interesante, pues se formula una contraposición radical con los primeros testimonios que hemos vislumbrado en las primeras entradas de esta retrospectiva sobre la marihuana y el séptimo arte.
Una lástima la música desacertada de fondo que han introducido; un placer las imágenes:



Aquí termina la panorámica de esta curiosa planta en el cine.

8 comentarios:

  1. Madre mía, pedazo de curro que te has hecho con esto. Yo, la verdad, he visto pocas de las que mencionas. Easy rider, que es una maravilla, el jardin de la alegría, que me encantó y up in smoke, que la vi en un momento en el que yo también le daba bastante al tema que propones y me hizo gracia (que bueno ver que uno de los protas acabó de padre de Hugo en Perdidos). Me apunto sobre todo el documental y la de Peter Sellers que ya las he puesto a bajar. Un abrazo

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  2. Impresionante post que (no temo equivocarme)va aconvertirse en toda una referencia a partir de ahora para este curioso tema. Yo al menos me lo he copiado. De las que mencionas he visto pocas pero coincido contigo: Reefer Madness es una gran comedia XDD

    Saludos!

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  3. joderr man esta ke alucine tu web colega sike asi!!!!a ver si españa lo legalizan de una vez a la pobre maria...
    muy wapas las pelis mencionadas, muchas he visto y no e parado de reir XDXD
    ¡VIVA LA MARIHUANA COMPADRE!

    muchos saludos desde Canarias

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  4. Muy buen compilado de pelis!!
    Agunas no las vi, habrà que verlas entonces.

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  5. Muy buen aporte, a muchas las buscaba y no conocia los nombres!!! gracias...

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  6. Como se te ve el plumero, usas el cine erótico / sadomasoquista para criticar el nazismo (porque es recurrente esa estética) y te parece que esas peliculas que propones son buenos ejemplos de la perversión y maldad de los nazis pero en cambio aqui te parece mal que digan que fumar marihuana es malo, son absurdos los guiones no? Fumeta y demagogo, que asco das.

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    Madison
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