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jueves, 15 de enero de 2009

JCVD: genialidad creativa; más allá de la ficción

Continuando con la línea de discernir entre lo que es real y lo que es ficticio en un film voy a presentar la gran revelación del 2008. Esta es, tal vez, la película más original y rompedora de moldes del año pasado. Sin duda un film que está propagando una retahíla de largometrajes similares con un propósito en común: la decadencia de un ídolo que se autoparodia y critica los clichés en los que se ha visto envuelto en toda su carrera. Esta genialidad creativa es JCVD, es decir, la última película de Jean-Claude Van Damme.

Este actor belga creó un esterotipo y un modelo de cine de artes marciales marcado por la violencia extrema pero con grandes coreografías de movimientos de pelea que mezclaban el kickboxing y el full-contact. Sus films no pasaron de ser mediocres, pero con el gran aliciente que se superaba el cliché empezado por los films de los musculosos Sylvester Stallone y Arnold Schwarzenegger, y de las forzadas y ridículas interpretaciones de Chuck Norris y Steven Seagal. La retahíla de películas protagonizadas por Van Damme eran del estilo de films que sólo sirven para acordarse de ciertos movimientos pero a lo largo de los años, el actor se atrevió con guiones un poco más elaborados y con otro tipo de perfil de personaje, aunque nunca superó la mediocridad del material que se mostraba. Aun así, en JCVD, de Mabrouck el Mechri, veremos una ridiculización directa y sin tapujos de los personajes mencionados y de la carrera del propio actor. Sin pelos en la lengua.
Para hacerse una idea de todo esto, sólo hay que ver el principio del largo, que os presento ahora, donde de forma sutil se parodia lo que es en realidad un set de grabación de un film de artes marciales. Acción en directo y a tiempo real.



Sobran las palabras ante la visión del director tirando dardos contra una foto del monte de Hollywood y la mentira de la creatividad cinematográfica.
JCVD explica la historia de un Jean-Claude Van Damme viejo y derrotado por su carrera, que ve como la fama sólo le ha conducido a la autodestrucción. En uno de sus intentos por pagar a su abogado para mantener la custodia de su hija, se dirige a una estación de correos para recibir un pago de una de sus horribles películas. Una vez allí, se verá envuelto en una trampa, pues unos atracadores están intentando saquear el local. Viendo la estrella que tienen ante sus ojos, se aprovecharán de su fama para llevar a buen cabo su cometido. Los problemas no terminan para el actor.
En un momento del secuestro, Van Damme, apaleado y molesto porque todo le va mal, decide hacer una confesión de su asquerosa vida como actor.
Y es aquí donde se encierran los mejores minutos del film y de todos los que hayáis podido ver en años, pues no sólo contiene toda la vida del actor, sino que también la dura crítica hacia el sistema, la industria cinematográfica estadounidense, la decadencia del ser humano, la miseria, ... Un soliloquio maestro. Increíbles palabras y perfectamente interpretadas de una estrella de películas de acción baratas. Os quedaréis de piedra. Admirad al mejor Jean-Claude Van Damme mientras se encuentra secuestrado por unos ladrones con ansias de matar:



"¿Qué he hecho por este planeta? ¡Nada! [...] No es una película; es la realidad". Palabras que remiten a una confesión velada que nadie se atreve a hacer, pues la magia de Hollywood está maquillada de una hipocresía considerable.
La película utilizará el recurso del flashback para crear un puzzle de situaciones que se irán recomponiendo para orquestrar una vida en plena decadencia.
Este film ha producido toda una serie de largos con el mismo componente, pero con la gran diferencia de que los que se hacen ahora no contienen datos tan reales sobre el actor que las perpetra, como la genial The Wrestler (2008) de Darren Aronofsky. Esta última protagonizada por el otro actor machacado por la industria, por su mediocridad y por su alocada vida, Mickey Rourke. Cinta que habla sobre el ocaso de un luchador que se ve pisado por sus limitaciones físicas fruto de la edad. Un caso parecido es el del film cómico y freak del actor de culto Bruce Campbell en My name is Bruce (2008), donde se utiliza la seña de la autoparodia para resaltar el hecho de que los actores que pasaron a un segundo plano pueden ser exprimibles si se les da otra oportunidad. Aquí se usan los datos reales del autor para ensamblarlos en una fantasía terrorífica, a diferencia del film de Rourke.
Mezclas experimentales e interesantes de la delgada línea que separa la realidad de la ficción, al fin y al cabo. Los rockeros nunca mueren pero las viejas estrellas de cine resucitan.