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viernes, 27 de marzo de 2009

La increíble historia del letrero

Hoy os propongo una historia conmovedora, tierna, agria y luego dulce, para que por unos momentos sintáis las maravillas que se pueden hacer con un cortometraje. Una historia sencilla pero intensa y que, como la vida, tiene un reverso que nadie a simple vista puede reconocer.
Historia de un letrero (2008), del director mexicano Alonso Álvarez Barreda, ganó el festival de Cannes del mismo año en la categoría de mejor corto, compitiendo con casi 2.000 directores.
Admirad esta joya, que luego comentamos:



Una historia aparentemente sencilla que nos lleva a conmover precisamente por su simplicidad y que nos traslada a las maravillas de nuestra realidad más cotidiana. Las flores, la magia de la luz, las palomas revoloteando por las aguas cálidas que se deslizan por la piedra de una fuente... Todo perfectamente ordenado para resolverse en una maravillosa frase: "Hoy es un hermoso día y no puedo verlo".
Ahora veamos otro cortometraje de 30 segundos de duración llamado Una limosna, por favor (2006) del director español Francisco Cuenca, no premiado en el festival Notodofilmfest.



No negaremos que el primero está perfectamente compuesto para orquestrar un final tan delicioso como el inicio y que está envuelto de un preciosismo rotundo...pero esto es un plagio con mayúsculas, debido a que este último fue creado 2 años antes. Además que en el corto del mexicano aparece el director como escritor de la historia.
El corto muestra un relato agrio que se acaba volviendo dulce para todos los gustos, pero la realidad es mucho más ácida si alguien destapa y descubre (después del premio de Cannes) el terrible infortunio. ¿Qué razones esgrimirá el director Alonso Álvarez? Ver para creer.



El problema es no citar al autor original. Y lo peor: convencerse de que todo es una estratagema del azar o una terrible coincidencia. Todo se hila al final con la misma madeja: "Escribir lo mismo pero con distintas palabras". Pero, claro, hay una máxima que se debe mantener: mejorar sí; plagiar no.