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lunes, 15 de septiembre de 2008

Carteles de cine: masacres bizarras

Esta nueva sección versará sobre la iconografía del séptimo arte en los carteles que se crean para ser distribuidos en cines o en DVD. Pero me centraré en los casos curiosos que denoten inquietud por la plasmación en arte instantáneo de la esencia de un largometraje y cómo se expresa.
Los ejemplos de hoy demuestran que no todo han de ser obras maestras en el cine. La riqueza reside en que hay films míticos que no necesariamente son buenos, pero son de una calidad que se extralimita de los cánones tradicionales: son bizarros y tratan sobre masacres a manos de un enemigo poco común.
El primer caso es la saga más hilarante por su contenido, forma... bueno, hasta en los títulos uno se puede reír. Está considerada como una de las peores películas filmada jamás; el resto de esta sección son de una calidad igual, aunque de tan malas se vuelven hasta infímamente buenas.
El ataque de los tomates asesinos (1978) de John de Bello.


Increíble póster para publicitar una comedia de horror que se llevó a cabo a partir de un corto. El poco presupuesto y el planteamiento absurdo del film (unos tomates modificados genéticamente atacan a la población) hicieron mella en el público que pidió una secuela, y así se hizo, convirtiendo el film en material de culto.
La segunda parte: El regreso de los tomates asesinos (1988).


En esta segunda parte, el profesor Mortimer Gangrena, creador de los tomates, creará una nueva plaga capaz de reproducirse ellos mismos. Una locura interpretada por el mismísimo George Clooney.
Viendo la gran aceptación se crea la tercera entrega: Los tomates asesinos atacan de nuevo (1990). Ahora el doctor Grangrena, ávido de conquistar el mundo, se enfrentará contra una "tomatóloga" que sabe cómo evitar la plaga. Admirad el cartel:


Y ahora la guinda del pastel, la última parte de la saga, título impagable: Los tomates asesinos se comen Francia (1991). Sinopsis sucinta: el protagonista se enamora de una chica francesa y mientras están por lares franceses rescatan a un tomate bonachón, "el tomate peludo". El rapto se produce porque el profesor Mortimer Gangrena quiere hacer volver al rey de Francia, por una profecía de Nostradamus.
Guión esperpéntico pero perfecto para este tipo de films que han nutrido la serie Z del cine; el director John Bello las firma todas. Adelante con el cartel, que no tiene desperdicio:

Pasarán a la posteridad, por su increíble iconografía, estas cintas como las 2 siguientes.
Los surfistas nazis deben morir (1987) de Peter George es un claro ejemplo de póster hilarante: un surfista nazi disparando encima de una tabla de surf en la cresta de una ola mientras la gente sale despavorida.


A diferencia de las anteriores, esta película está pensada para tomársela en serio. Aunque, como podemos observar, es imposible hacerlo. Después de un terremoto, las playas de California quedan como un terreno post-apocalíptico. Una banda de surfistas nazis intentarán adueñarse de todas las costas del país contra su gran enemigo, la madre de una de las víctimas; increíble.
El último caso es la peor de todas estas cintas juntas: La masacre del microondas (1983) de Wayne Berwick. El enemigo es, ahora, un electrodoméstico, pero no como los de ahora, sino imaginaos la capacidad de un microondas de la época.


Efectos especiales horribles en todos los sentidos, actores amateurs que no pueden explayarse en su actuación debido al escaso y nulo atractivo guión: Donald mata a su mujer, harto de su cocina, decidiendo ponerla en el microondas y ver una nueva forma de entender el arte de comer. Ahora, eso sí, esto es una comedia.

Por tanto, los carteles de cine pueden tener un atractivo diferente al que se le da en las cintas más comerciales. El arte de plasmar lo bizarro a manos de unos genios del dibujo.