Un pequeña idea reproducida en un formato como un cortometraje puede dar pie, luego, a una película que explote la misma historia o que la enriquezca con nuevo matices. El problema es que, en muchos casos, el corto queda inadvertido para todo el público, cosa que no se comprende, y difícilmente se puede encontrar la raíz de la historia del film. Cualquiera se puede preguntar (cualquiera que haya visto algún que otro cortometraje) lo siguiente: ¿dónde debe estar ese minifilm que vi hace un montón de años y que era tan bueno? Bueno, la respuesta es que todo lo que se haya hecho antes del año 2000 es prácticamente imposible encontrarlo, ni siquiera en los nuevos formatos que contienen tantos vídeos.
Como hay tantos cortometrajes que no os puedo ofrecer por este motivo, voy a echar mano de todo el material que se ha editado en formato DVD o en páginas web. Hilvanando el tema principal, os voy a poner 2 cortos que tienen un punto en común y un gran elemento distante: los 2 tratan de la crudeza del asesinato y de uno se ha hecho más de una película, mientras que del otro ninguna.
El primero es Saw (2002), corto que propició la gran película del 2004 con el mismo director: James Wan. En este cortometraje está la escena de la drogaadicta que aparece en el film pero protagonizada por un hombre. Saw es un film que se mueve entre dos largometrajes: Cube (1997) y Seven (1995). En el corto no hay esa pretensión, se desarrolla así luego. Cube por la situación de encierro de dos personajes que no saben qué hacen allí (hay trozos de diálogos idénticos) y Seven porque en ésta el asesino actuaba partiendo de los 7 pecados capitales de la Biblia. En el film no se habla de la Biblia, pero las víctimas mueren por sus vicios: drogas, infidelidad, corrupción... Lo bueno del film de Wan es que se recrea con agilidad en lo más macabro de las muertes y, lo mejor, las víctimas tienen la oportunidad de sobrevivir para apreciar mejor la vida que no tienen por mucha estima. O sea, si algo grave en la vida nos ha de pasar para que valoremos mejor lo que tenemos, JigSaw nos lo hará ver con más claridad.
Adelante con el vídeo:
El segundo corto se llama El punto ciego (2005) de Álex Montoya y Raúl Navarro. No es una gran obra maestra, ya que se podría extraer mucho más jugo, pero lo que me pareció mejor fue: el uso de dos situaciones distintas, pero que comparten fotogramas (lo cual es muy original, la pantalla partida: algo que se ha utilizado en la película La soledad (2008)) y un pequeño fotograma donde se entrevé el contenido de una bolsa mientras alguien la escarba. A ver quién la encuentra o no se sobresalta con lo que hay dentro.
El corto puede dar que pensar en qué cometido específico tiene, es un poco críptico.
Adelante con él:
martes, 29 de abril de 2008
Cortos y asesinos
sábado, 26 de abril de 2008
Tormento
Muchas películas que tratan la profunda decadencia psicológica de un personaje están protagonizadas por hombres (en este blog podemos encontrar muchas: Nightmare, El maquinista, Pi: fe en el caos...), y raramente se le deja a las mujeres el rol de una persona que empieza a perder el juicio mezclándolo con imágenes y pensamientos oníricos y surrealistas. Uno, si se lo plantea, difícilmente puede encontrar la razón, porque las veces que se ha recreado este tema han sido más que excelentes.
Pero realmente el tema de esta entrada se va a centrar en cómo 2 películas tan distintas y, a la vez, tan parecidas han utilizado mujeres atormentadas por su propia personalidad, cuando la realidad se difumina con el sueño de la locura. Retomando el título de uno de los caprichos de Goya: "El sueño de la razón produce monstruos", se puede afirmar que los monstruos invisibles que vamos a ver aquí están creados por dos mentes que se encuentran atrapadas en el estado de la locura. Una locura que proyecta en la realidad fenómenos escalofriantes de demencia, donde la estética del film es parecida pero la conclusión de la historia es distinta.
Ahora se aclarará todo mejor pues las dos películas a tratar son:
-El carnaval de las almas (1962) de Herk Harvey.
-Repulsión (1965) de Roman Polanski.
Estos 2 films plasman la decadente caída psicológica que sufre una mujer atormentada por visiones dementes y realidades que están por encima de lo terrenal.
Repulsión es la obra que dio a conocer el nombre del director al extranjero, es una gran obra maestra. Un atrevido y controvertido salto al abismo hacia las oscuras profundidades de la depresión y la psicopatía, donde se expresa de forma magistral la oscuridad de una mente que va denigrando progresivamente a un estado de catársis absoluto. Catherine Denueve demuestra que la interpretación puede ser llevada a unas cotas absolutamente de magisterio
interpretando a Carole. Ésta es una mujer que trabaja en un salón de belleza haciendo manicuras. Un buen día, de repente aunque sutilmente dosificado, su mundo empieza a deteriorarse poco a poco: la depresión, luego la deseperación y al final una arrebatadora locura empezarán a invadir el piso que comparte con su hermana mayor Helen. La repulsión a todo lo ajeno y a todo lo propio empieza a invadir primero su mente y luego su alrededor.
El film empezará con un simple detonante, la protagonista empieza a sentir desidia por su trabajo y empieza a no prestar atención a nada de lo que le rodea. De ahí pasará a sentir asco con la comida y con su pretendiente. La problemática se irá trasladando a toda la sociedad (misantropía) e irá alejándose del mundo exterior encerrándose en su piso. A partir de aquí empezarán las quimeras de la mente atormentada: una visión de alguien merodeando por su piso que va invadiendo su espacio. Se irá creando una bien medida vorágine de locura.
Vayamos a ver un fragmento atenazante:
La imágen de las manos saliendo de las paredes se irá acrecentando cada vez más cuando Carole vaya perdiendo más y más el juicio: las garras oscuras de la locura la van atrayendo a su terreno.
La fuerza de las imágenes está tremendamente bien conseguido. La protagonista empieza a dejarse ropa por la casa, luego deja de limpiar los platos sucios, el conejo que tenía que comerse con su hermana empieza a pudrirse (metáfora del personaje y su psicología)... Esto provocará la aparición de las manos y el progresivo resquebrajado de las paredes de la casa.
En este trozo veremos cómo su pretendiente va a visitarla, pues no sabe nada de ella y ha dejado el trabajo y cualquier contacto con el exteriror. La respuesta de la protagonista no puede ser más contundente.
La psicopatía de su mente empieza a minar su realidad. Fijaros en cómo al final del vídeo parece absorta en otras cosas como si nada hubiera sucedido.
La música se encuentra totalmente acorde con las imágenes y la pulsión de la demencia de Carole, tanto es así, que incluso el teléfono tendrá un timbrado especial. Esta introspección de una mujer la volvió a retomar Polanski de forma distinta en La semilla del diablo (1968).
La violación metafórica que sufre la protagonista de Repulsión empieza a cobrar vida en forma del casero que, viendo que no recibe los pagos del alquiler, decide sobrepasarse. A partir de aquí el sillón tendrá unas proporciones simbólicas muy interesantes.
Veamos ese fragmento:
Los tics nerviosos en la cara de Denueve irán aumentando y demostrando su denigración al terror de la repulsión y rechazo hacia todo y hacia sí misma.
La casa se irá rompiendo como un castillo de naipes a sus ojos pero irá ocultando la espeluznante realidad que ha cometido
en su piso.
Un detalle curioso: a Carole cuando le preguntan qué le pasa es incapaz de decir qué siente realmente, o sea, no sabemos con exactitud con palabras suyas el origen de todo el mal que le sobreviene, aunque podemos especular sobre ellos por los efectos secundarios que provoca en su ser.
Esta es una obra maestra del cine que no deja indiferente a nadie por su grado de intensidad trágica y dramática a partir de unos elementos sencillos pero efectivos. La entrada a una mente absolutamente perturbada.
Os dejo como guinda el tráiler de la película, que considero un trabajo muy bien hecho, para expresar lo que he tratado antes. Un perfecto epílogo al comentario:
La segunda película que trato va muy hilada a Repulsión por la temática, por el tempo pausado y por la estética de una mujer que sufre un terrible tormento. Carnival of souls es un film muy conocido y popular en los Estados Unidos que se proyecta todos los días de Halloween y se considera como un clásico del cine de terror. Y no es para menos. A diferencia del film de Polanski, ésta contiene un final absolutamente inquietante que nos hace plantear cuántas películas actuales han retomado el mismo para sus historias.
El horror de la película va acompañado de la realidad de la actriz protagonista y su relación con el mundo del cine. Una experiencia desastrosa para Candance Hilligoss, quien no vio en este largometraje lo que esperaba encontrarse. El guión le pareció malo, no podía creerse que tuviera éxito y no se tomó muy en serio la interpretación (según sus palabras). Una interesante retrospectiva de la situación de Candance y su relación con el mundo del cine la encontraréis en la página del amigo Boyzen: Xtarlings, quien me hizo descubrir esta película y donde se explican las andanzas de la reina del grito.
El carnaval de las almas trata también el progresivo adentramiento a las más oscuras profundidades de la locura barnizado de subrealidades autónomas a las de la protagonista. Imágenes de monstruos invisibles de su mente van recreándose en su realidad invadiendo el piso (aquí también) donde vive: una extraña y bizarra figura de un hombre va persiguiendo a la protagonista allá donde va. En este film se explica la extraña vida que lleva Mary Henry siendo una organista de iglesias. El destino querrá que un terrible accidente automovilístico cambie radicalmente su devenir, transformando su vida en más una horrorosa pesadilla que en una inquietante realidad.
El detonante de todo será este fragmento, que es el principio de la película:
La misantropía de Mary es un punto común con el personaje de Carole en Repulsión, recordemos que El carnaval de las almas se estrenó 3 años antes. El odio hacia todos los demás se balancea con la bipolarización de su conducta: se muestra a ratos agradable y necesitada de calor humano y a ratos desquiciada por todo lo que le rodea.
Carole decidirá cambiar de ciudad para continuar su vida y llegará a un pueblo para ejercer su profesión en una modesta iglesia. A partir de aquí empezará el trayecto demente hacia su propia destrucción mental.
Cuando uno ve este film tiende a quedarse con la superficie de lo mostrado, pero no con lo sugerido o lo más interno. El título no es baladí, nos está diciendo en qué consiste la vida de Mary a partir de una tragedia en coche. Tanto es así, que en las imágenes más recurrentes se utiliza el automóvil como un instrumento para hacer volver de un viaje el alma de la protagonista. Muchas sutiliezas encierra este film que no se vislumbran a primera vista. El ejercicio de comprensión de por qué después de un accidente el personaje de Candance empieza a sentir una fijación por unos elementos concretos es muy sugerente. Tanto que creo que aquí radica la genialidad de la cinta.
Veamos los fantasmas que pululan por los viajes a otras realidades de Mary. Aquí ha ido a reparar su coche, lo que viene es la derrota ante la locura:
Mary está encerrada en su propio tormento personal, pero que, como he dicho, se va más allá. Hay un giro inesperado que hacen de este film un punto de vista distinto de la demencia de una mujer.
Os dejo con el tráiler coloreado del film, también es una joya que sintetiza el ambiente tétrico de El carnaval de las almas:
Distinta pero a la vez tan cercana es la visión de 2 mujeres, Carole y Mary, en un viaje a lo más tenebroso de la mente. Puntos en común y de inflexión determinan dos historias marcadas por el imbricado e intenso mundo del pensamiento atacado por la más intensa locura.
viernes, 25 de abril de 2008
miércoles, 23 de abril de 2008
Continuando
Os presento el mejor número musical que he visto en mi vida: "Putting on the Ritz" de la película Blue skies (1946), en castellano Cielo azul, de Sol C. Siegel. Está protagonizada, como podéis ver, por el mejor bailarín de todos los tiempos, Fred Astaire (1899-1987).
Como regalo a todos los que visitáis este blog os dejo un archivo con las 4 mejores versiones musicales de "Putting on the Ritz". Esta es una canción escrita en 1929 por Irving Berlin para el musical homónimo y que fue muy popularizada y versionada en la época. Entre las muchas versiones se encuentran: Clark Gable en Idiot´s delight en 1639 y en El joven Frankenstein de Mel Brooks en 1974. Las dos versionadas cómicamente.
Os dejo las canciones en descarga directa:
Descarga aquí "Puttin´ on the Ritz"
¿Y por qué este vídeo de Fred Astaire? Pues es la joya que tenía escondida durante mucho tiempo para celebrar los 2 meses de vida de este blog. La cosa cada vez va continuando y quiero dar mis más humildes agradacimientos a todos los que habéis pasado por aquí, aunque no hayáis escrito nada. Pero en especial la gente que me da ánimos para continuar escribiendo:
-Gerard (Vududoll). Las charlas con cervezas sí tienen sentido, se puede sacar provecho de ello. Tienes la web con el look más guapo de la red.¡Quiero más entradas en tu web! Las últimas tendencias de webs están en tu sitio.
-Yatebale (Xeta2). Eres la visitante número 1, pues no te pierdes ni una entrada. Leo mucha información de cine bueno en tu web. No creo que alguien sepa más de Christian Bale que tú.
-Boyzen (Xtarlings). Para mí tu blog es un modelo a seguir en contenidos, en trabajo, en estética... No pararía, llevo mucho tiempo siguiendo Xtarlings, para mí es como un canal nuevo de información. Prestas mucha ayuda a los que te leemos y eso se agradece.
-Giskard Reventlow (Ladillas venenosas). Con las frases que he dejado en comentarios de tu blog y no continuas con tu batalla personal contra el mundo. ¡Pon más entradas!. Eres la voz que escupe en las tumbas de todo el mundo (esto se supone que es un piropo, de verdad).
-Gis (Caminante). Qué suerte que hayas vuelto a la blogósfera (no puedo creer que esta palabra exista) pues te he leído en "yo no he sido" y te he escrito en el "obituario". El viaje del alma a través de las palabras promete.
Gracias a todos los que habéis pasado por aquí.
lunes, 21 de abril de 2008
Five came back
Retomando la idea de escarbar en el cine clásico para escoger las pequeñas joyas escondidas en el fondo de películas injustamente olvidadas pero que, en su momento, supusieron una forma de entender el cine distinta a lo ya establecido y normalizado, nos encontramos con la enigmática e inquietante: Volvieron cinco (1939) de John Farrow.
Este es otro film del que se debe subrayar que es un referente, aunque poca gente la ha mencionado, o como mínimo es el detonante de muchos de los largometrajes que vemos en la actualidad. Aquí se utilizarán tramas y elementos muy sutiles con una gran carga de conflictos psicológicos entre los personajes, los cuales se verán en una terrible determinación vital.
En un viaje en avión hacia Panamá se encuentran como pasajeros: un niño y un amigo de su padre que debe cuidarlo (el padre es un gángster), una "femme fatale" que parece esconder una personalidad oscura, una pareja que quieren casarse para que él pueda seguir siendo famoso como actor, un matrimonio mayor donde el marido es catedrático de botánica y un sabueso que tiene enmanillado a un anarquista que ha cometido unos crímenes y que lo envían a otro país para ahorcarlo. Con ellos irán el piloto y los ayudantes. 12 personas en un avión. Y recordad lo que dice el título: volvieron cinco. ¿Qué ocurre para que sólo 5 vuelvan del viaje y, por tanto, 7 no lo hagan? Aquí reside el magnífico planteamiento de la cinta.
Una vez los 12 pasajeros han subido al avión para empezar el largo viaje, algo desatroso sucede:
Este hecho que acabamos de ver ha sido retomado infinidad de veces por el cine actual: unas personas tienen un accidente de avión y las probabilidades de sobrevivir son muy pequeñas por diversas razones. A partir de aquí los pilotos deberán reconstruir el avión para poder salir de la jungla donde están adentrados, pues en ella hay una tribu de caníbales que se esconderán para aniquilarlos cuando menos se lo esperen. Esto creará, junto con el
conflicto de personas tan distintas en una situación límite, una problemática que se deberá resolver en menos de 2 semanas. A partir de aquí la película, originalmente se narrará a partir de un diario de uno de los pasajeros, que irá escribiendo los progresos del proyecto y el poco tiempo que les queda para sobrevivir.
Mucho se parece la reconstrucción del avión en The flight of the Phoenix (1965) de Robert Aldrich basada en la novela de 1964 de Elleston Trevor, la cual se hizo una versión moderna con el mismo título en el 2005 por John Moore, es decir, El vuelo del Fénix. En ésta estaban en un desierto acosados por las tribus y tenían que reconstruir el avión, en Volvieron cinco están en la jungla. Muchos proyectos veo que se han basado en la película que trato hoy. El guión de Five came back estuvo a cargo de: Jerome Candy, Richard Carroll, Dalton Trumbo y Nathanel West. ¿Sabían ellos que luego se reelaboró o copió su historia en otros films?
El film adoptará un giro inesperado cuando el asesino se adueña de la única pistola que hay y decide quién volverá a casa y quién no; sólo 5 pueden hacerlo, pues el avión ha sido reconstruido pero con limitaciones de espacio y peso para que funcione mínimamente bien y poder escapar de los caníbales. La obligada convivencia de personas con intereses distintos creará unos conflictos muy interesantes. Dilemas y tensiones que traslucen los deseos más bajos del ser humano en condiciones de riesgo.
John Farrow rodó una especie de remake de su propia película al cabo de 17 años, llamándola Back from eternity (1956). Tal vez una innecesaria revisión de lo que ya hizo en su momento, pues la original está plagada de buenos y conocidos actores de la época, aunque se encasillara dentro de los films de série B de la productora RKO.
Este es un largometraje muy intrigante que denota el riesgo con el que algunos directores se proponían, en los años 30, hacer un cine distinto.
Por tanto, estamos ante una película olvidada pero harto revisada por muchos cineastas a lo largo de la historia.
sábado, 19 de abril de 2008
Casa tomada
Muchos films se basan en libros o cuentos para recrear luego tramas a veces más sustanciosas, a veces infames y desastrosas. El problema es conocer y comprender realmente la historia que tienes entre las manos para que no se te escape y el resultado sea muy distinto o incongruente. Pero, tal vez, la gran problemática reside cuando uno ve un film y dice: "Yo esto lo he visto antes". Tal vez el guión sea una variación o repetición de algo ya hecho o, como en los casos que voy a tratar, se parte de una historia ya escrita pero no se dice. En los créditos de las películas suele salir quién dirige, quién interpreta, quién ha escrito el guión y, si es una adaptación (ya sea libre o rigurosa) de un libro, quién lo escribió y el título de la obra en cuestión.
Muy fácil era escoger al escritor argentino Julio Cortázar (1914-1984) para hacer un buen guión, pues es el gran maestro de la narración corta.
En la entrada de ayer lo tenéis en este mismo blog publicado y aquí tenéis el cuento para que lo podáis tener y leer cuando y donde queráis. Lo he colgado en descarga directa:
-El habitante incierto (2005) de Guillem Morales.
El relato de Cortázar trata, esencialmente, sobre dos hermanos que viven todavía en la gran casa en la que crecieron. Sin pareja y con una vida anodina y aburrida ven pasar los días sin detenerse a pensar en algo más allá de lo que tienen en su microcosmos: su casa.
El miedo a lo desconocido les provoca que vayan alejándose del monstruo invisible que está contaminando su espacio; sólo lo oyen moverse, no lo ven, pues a cada habitación que va alcanzando cada día, ellos van cerrando las puertas detrás suyo. Esto provocará que esta situación kafkiana (asumir una situación incongruente y no rebelarse, sólo aceptarla) se vuelva en contra suya, pues irán cediendo espacio al desconocido invasor hasta que acaben viviendo en un pequeño cuarto y terminen dejando la casa y tirando las llaves por una cloaca. Un detalle: ¿y el reloj? ¿por qué se lo quedan? Es lo único que se quedan. Ahí lo dejo.
De este relato se hicieron dos adaptaciones (éstas sí decían que se basaban en Cortázar):
-House taken over (1997) de Liz Hughes (cortometraje).
El habitante incierto es una película que desde el principio vemos que se apoya en el relato de Cortázar. La cámara sobrevuela los planos de la casa y se produce la misma situación que en el cuento, salvo por las originalidades que ha aportado el guionista para enriquecer a su manera el film. De hecho el punto de salida reside en cambiar al hermano y a la hermana por una pareja. Aquí tenemos, por tanto, a una pareja que deciden separarse y él, el arquitecto Félix, se queda solo en su casa con sus fantasmas interiores. Un día decide dejar entrar a su casa a un extraño para que llame por teléfono y aquí es cuando el protagonista vivirá intrigado en que esa persona todavía está en su casa. Lo mejor de la película reside en que está dividida en 2 partes: la del invadido y la del invasor. Sugerente planteamiento. Para anotar algo en contra, aparte de no decir que se adapta libremente o no tanto en el cuento, la película podría dar incluso más de sí. Sobretodo en la parte final que culmina la historia. De todos modos es una película inusual en el panorama cinematográfico español. La protagonista, Mónica López, recibió el premio como mejor actriz en el festival de Sitges.Ils es una excelente película, buena por su atmósfera y su terror intenso pero, por el contrario, muy criticada, y lo es por varias razones: tiene un principio pésimo y dice que se basa en hechos reales. Esto último debería ser una buena razón para verla, pero no es realmente cierto que así lo fuera, pues se nos muestran detalles que nadie podría saber, o sea, el director ha inventado partes y, sinceramente, creo que se ha recreado la realidad. Cuando la miréis sabréis a lo que me refiero. De todos modos, a mí me parece acertadísima la plasmación
del miedo de los protagonistas y el golpe final: ¿quién o qué se esconde en la casa?. Y en el final es donde casa perfectamente el hecho de que se base en una realidad y la ficción. Esta es una cinta que ha sido muy vilipendiada por su oscuridad, pero es que así lo requiere el film, pues se dota de una opresión que pocos directores saben hacer, o lo hacen con demasiados artilugios o efectos especiales, aquí todo es natural. La sensación de miedo es aquí un logro indispensable, muy bien encontrado.
La historia trata de una profesora, Clémentine, que decide con su marido, que es escritor, irse a vivir a Bucarest, pero en una casa apartada de todo (hay un poco de tópico aquí). Un día unos desconocidos invaden progresivamente su casa y los protagonistas van cediendo hasta que deciden contraatacar o, simplemente, escapar, pues no se traslucen buenas intenciones en los invasores. Aquí empezará una vorágine de locura y terror real, no impostado ni sobreactuado, que arrastrarán al espectador a las altas cotas del miedo. Muy recomendable para quien quiera saborear las diferentes vías de transmitir terror en un film.
El principio del film, como he dicho antes, no es nada acertado, pues no tiene nada que ver con el resto. Se recrea una situación que se ha repetido en centenares de películas baratas de este género, y es algo injusto, porque lo que viene luego es mucho mejor. Una madre y su hija tienen una avería en la carretera y algo las ataca y las asesina. No es una buena introducción, pues a priori parece un film tópico y típico.
Para mí es una más que excelente cinta de terror y para quien no la haya visto os dejo el tráiler que se emitió antes del estreno:
Por tanto, hemos visto 2 películas que se apoyan sobre el texto de Cortázar pero barnizándolo de terror, algo que los dos protagonistas del cuento prácticamente no sienten, sólo el lector. Además han añadido algunos elementos para adecuar el texto a sus necesidades, aunque no lo digan ni lo reconozcan.
viernes, 18 de abril de 2008
Casa tomada (introducción)
Os voy a presentar el tema en el que se va a basar la próxima entrada que se publicará mañana. El uso del cuento "Casa tomada" de Julio Cortázar (1914-1984) en films que no dicen que se han basado en él.
Para ello primero os presento el cuento en cuestión para que podáis leerlo y así entender mejor el contexto. En el próximo post os lo daré en descarga directa para que podáis guardarlo y leerlo las veces que queráis.
Aquí lo tenéis:
"Casa tomada"
Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Nos habituamos Irene y yo a persistir solos en ella, lo que era una locura pues en esa casa podían vivir ocho personas sin estorbarse. Hacíamos la limpieza por la mañana, levantándonos a las siete, y a eso de las once yo le dejaba a Irene las últimas habitaciones por repasar y me iba a la cocina. Almorzábamos a mediodía, siempre puntuales; ya no quedaba nada por hacer fuera de unos platos sucios. Nos resultaba grato almorzar pensando en la casa profunda y silenciosa y cómo nos bastábamos para mantenerla limpia. A veces llegábamos a creer que era ella la que no nos dejó casarnos. Irene rechazó dos pretendientes sin mayor motivo, a mí se me murió María Esther antes que llegáramos a comprometernos. Entramos en los cuarenta años con la inexpresada idea de que el nuestro, simple y silencioso matrimonio de hermanos, era necesaria clausura de la genealogía asentada por nuestros bisabuelos en nuestra casa. Nos moriríamos allí algún día, vagos y esquivos primos se quedarían con la casa y la echarían al suelo para enriquecerse con el terreno y los ladrillos; o mejor, nosotros mismos la voltearíamos justicieramente antes de que fuese demasiado tarde.
Irene era una chica nacida para no molestar a nadie. Aparte de su actividad matinal se pasaba el resto del día tejiendo en el sofá de su dormitorio. No sé por qué tejía tanto, yo creo que las mujeres tejen cuando han encontrado en esa labor el gran pretexto para no hacer nada. Irene no era así, tejía cosas siempre necesarias, tricotas para el invierno, medias para mí, mañanitas y chalecos para ella. A veces tejía un chaleco y después lo destejía en un momento porque algo no le agradaba; era gracioso ver en la canastilla el montón de lana encrespada resistiéndose a perder su forma de algunas horas. Los sábados iba yo al centro a comprarle lana; Irene tenía fe en mi gusto, se complacía con los colores y nunca tuve que devolver madejas. Yo aprovechaba esas salidas para dar una vuelta por las librerías y preguntar vanamente si había novedades en literatura francesa. Desde 1939 no llegaba nada valioso a la Argentina.
Pero es de la casa que me interesa hablar, de la casa y de Irene, porque yo no tengo importancia. Me pregunto qué hubiera hecho Irene sin el tejido. Uno puede releer un libro, pero cuando un pullover está terminado no se puede repetirlo sin escándalo. Un día encontré el cajón de abajo de la cómoda de alcanfor lleno de pañoletas blancas, verdes, lila. Estaban con naftalina, apiladas como en una mercería; no tuve valor de preguntarle a Irene qué pensaba hacer con ellas. No necesitábamos ganarnos la vida, todos los meses llegaba la plata de los campos y el dinero aumentaba. Pero a Irene solamente la entretenía el tejido, mostraba una destreza maravillosa y a mí se me iban las horas viéndole las manos como erizos plateados, agujas yendo y viniendo y una o dos canastillas en el suelo donde se agitaban constantemente los ovillos. Era hermoso.
Cómo no acordarme de la distribución de la casa. El comedor, una sala con gobelinos, la biblioteca y tres dormitorios grandes quedaban en la parte más retirada, la que mira hacia Rodríguez Peña. Solamente un pasillo con su maciza puerta de roble aislaba esa parte del ala delantera donde había un baño, la cocina, nuestros dormitorios y el living central, al cual comunicaban los dormitorios y el pasillo. Se entraba a la casa por un zaguán con mayólica, y la puerta cancel daba al living. De manera que uno entraba por el zaguán, abría la cancel y pasaba al living; tenía a los lados las puertas de nuestros dormitorios, y al frente el pasillo que conducía a la parte mas retirada; avanzando por el pasillo se franqueaba la puerta de roble y más allá empezaba el otro lado de la casa, o bien se podía girar a la izquierda justamente antes de la puerta y seguir por un pasillo más estrecho que llevaba a la cocina y el baño. Cuando la puerta estaba abierta advertía uno que la casa era muy grande; si no, daba la impresión de un departamento de los que se edifican ahora, apenas para moverse; Irene y yo vivíamos siempre en esta parte de la casa, casi nunca íbamos más allá de la puerta de roble, salvo para hacer la limpieza, pues es increíble cómo se junta tierra en los muebles. Buenos Aires será una ciudad limpia, pero eso lo debe a sus habitantes y no a otra cosa. Hay demasiada tierra en el aire, apenas sopla una ráfaga se palpa el polvo en los mármoles de las consolas y entre los rombos de las carpetas de macramé; da trabajo sacarlo bien con plumero, vuela y se suspende en el aire, un momento después se deposita de nuevo en los muebles y los pianos.
Lo recordaré siempre con claridad porque fue simple y sin circunstancias inútiles. Irene estaba tejiendo en su dormitorio, eran las ocho de la noche y de repente se me ocurrió poner al fuego la pavita del mate. Fui por el pasillo hasta enfrentar la entornada puerta de roble, y daba la vuelta al codo que llevaba a la cocina cuando escuché algo en el comedor o en la biblioteca. El sonido venia impreciso y sordo, como un volcarse de silla sobre la alfombra o un ahogado susurro de conversación. También lo oí, al mismo tiempo o un segundo después, en el fondo del pasillo que traía desde aquellas piezas hasta la puerta. Me tiré contra la puerta antes de que fuera demasiado tarde, la cerré de golpe apoyando el cuerpo; felizmente la llave estaba puesta de nuestro lado y además corrí el gran cerrojo para más seguridad.
Fui a la cocina, calenté la pavita, y cuando estuve de vuelta con la bandeja del mate le dije a Irene:
—Tuve que cerrar la puerta del pasillo. Han tomado la parte del fondo.
Dejó caer el tejido y me miró con sus graves ojos cansados.
—¿Estás seguro?
Asentí.
—Entonces —dijo recogiendo las agujas— tendremos que vivir en este lado.
Yo cebaba el mate con mucho cuidado, pero ella tardó un rato en reanudar su labor. Me acuerdo que tejía un chaleco gris; a mí me gustaba ese chaleco.
Los primeros días nos pareció penoso porque ambos habíamos dejado en la parte tomada muchas cosas que queríamos. Mis libros de literatura francesa, por ejemplo, estaban todos en la biblioteca. Irene extrañaba unas carpetas, un par de pantuflas que tanto la abrigaban en invierno. Yo sentía mi pipa de enebro y creo que Irene pensó en una botella de Hesperidina de muchos años. Con frecuencia (pero esto solamente sucedió los primeros días) cerrábamos algún cajón de las cómodas y nos mirábamos con tristeza.
—No está aquí.
Y era una cosa más de todo lo que habíamos perdido al otro lado de la casa.
Pero también tuvimos ventajas. La limpieza se simplificó tanto que aun levantándose tardísimo, a las nueve y media por ejemplo, no daban las once y ya estábamos de brazos cruzados. Irene se acostumbró a ir conmigo a la cocina y ayudarme a preparar el almuerzo. Lo pensamos bien, y se decidió esto: mientras yo preparaba el almuerzo, Irene cocinaría platos para comer fríos de noche. Nos alegramos porque siempre resultaba molesto tener que abandonar los dormitorios al atardecer y ponerse a cocinar. Ahora nos bastaba con la mesa en el dormitorio de Irene y las fuentes de comida fiambre.
Irene estaba contenta porque le quedaba más tiempo para tejer. Yo andaba un poco perdido a causa de los libros, pero por no afligir a mi hermana me puse a revisar la colección de estampillas de papá, y eso me sirvió para matar el tiempo. Nos divertíamos mucho, cada uno en sus cosas, casi siempre reunidos en el dormitorio de Irene que era más cómodo. A veces Irene decía:
—Fijate este punto que se me ha ocurrido. ¿No da un dibujo de trébol?
Un rato después era yo el que le ponía ante los ojos un cuadradito de papel para que viese el mérito de algún sello de Eupen y Malmédy. Estábamos bien, y poco a poco empezábamos a no pensar. Se puede vivir sin pensar.
(Cuando Irene soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz de estatua o papagayo, voz que viene de los sueños y no de la garganta. Irene decía que mis sueños consistían en grandes sacudones que a veces hacían caer el cobertor. Nuestros dormitorios tenían el living de por medio, pero de noche se escuchaba cualquier cosa en la casa. Nos oíamos respirar, toser, presentíamos el ademán que conduce a la llave del velador, los mutuos y frecuentes insomnios.
Aparte de eso todo estaba callado en la casa. De día eran los rumores domésticos, el roce metálico de las agujas de tejer, un crujido al pasar las hojas del álbum filatélico. La puerta de roble, creo haberlo dicho, era maciza. En la cocina y el baño, que quedaban tocando la parte tomada, nos poníamos a hablar en voz más alta o Irene cantaba canciones de cuna. En una cocina hay demasiados ruidos de loza y vidrios para que otros sonidos irrumpan en ella. Muy pocas veces permitíamos allí el silencio, pero cuando tornábamos a los dormitorios y al living, entonces la casa se ponía callada y a media luz, hasta pisábamos más despacio para no molestarnos. Yo creo que era por eso que de noche, cuando Irene empezaba a soñar en alta voz, me desvelaba en seguida.)
Es casi repetir lo mismo salvo las consecuencias. De noche siento sed, y antes de acostarnos le dije a Irene que iba hasta la cocina a servirme un vaso de agua. Desde la puerta del dormitorio (ella tejía) oí ruido en la cocina; tal vez en la cocina o tal vez en el baño porque el codo del pasillo apagaba el sonido. A Irene le llamó la atención mi brusca manera de detenerme, y vino a mi lado sin decir palabra. Nos quedamos escuchando los ruidos, notando claramente que eran de este lado de la puerta de roble, en la cocina y el baño, o en el pasillo mismo donde empezaba el codo casi al lado nuestro.
No nos miramos siquiera. Apreté el brazo de Irene y la hice correr conmigo hasta la puerta cancel, sin volvernos hacia atrás. Los ruidos se oían más fuerte pero siempre sordos, a espaldas nuestras. Cerré de un golpe la cancel y nos quedamos en el zaguán. Ahora no se oía nada.
—Han tomado esta parte —dijo Irene. El tejido le colgaba de las manos y las hebras iban hasta la cancel y se perdían debajo. Cuando vio que los ovillos habían quedado del otro lado, soltó el tejido sin mirarlo.
—¿Tuviste tiempo de traer alguna cosa? —le pregunté inútilmente.
—No, nada.
Estábamos con lo puesto. Me acordé de los quince mil pesos en el armario de mi dormitorio. Ya era tarde ahora.
Como me quedaba el reloj pulsera, vi que eran las once de la noche. Rodeé con mi brazo la cintura de Irene (yo creo que ella estaba llorando) y salimos así a la calle. Antes de alejarnos tuve lástima, cerré bien la puerta de entrada y tiré la llave a la alcantarilla. No fuese que a algún pobre diablo se le ocurriera robar y se metiera en la casa, a esa hora y con la casa tomada.
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